Los números primero. El 71 % del territorio cubano afrontará este domingo apagones simultáneos durante el horario de mayor demanda, según la empresa estatal Unión Eléctrica (UNE). La generación prevista es de 972 megavatios frente a una demanda máxima de 3.250 MW, lo que obliga a una desconexión programada de 2.308 MW.
El deterioro no es puntual. En La Habana se han reportado hasta veinte horas diarias sin suministro, con ventanas de servicio de apenas dos o tres horas. En otras provincias los cortes han superado las cuarenta y ocho horas consecutivas. La UNE reconoce que el día anterior el país sufrió afectación eléctrica durante toda la jornada, situación que se repitió en la madrugada más reciente, según EFE.
La red termoeléctrica, que aporta alrededor del 40 % de la electricidad nacional, opera con solo la mitad de su capacidad instalada: ocho de las dieciséis centrales están fuera de servicio por averías o mantenimientos prolongados. Entre ellas, la planta Carlos Manuel de Céspedes, que en condiciones normales cubre el 14 % de la generación del país.
Otro 40 % del suministro depende de motores diésel y fueloil, hoy paralizados por la escasez de combustible que la UNE atribuye al bloqueo petrolero de Estados Unidos. El 20 % restante proviene de gas y renovables. Según cifras oficiales citadas por la empresa, Cuba necesita cerca de 100.000 barriles diarios de petróleo para cubrir su demanda, de los cuales solo 40.000 provienen de producción nacional.
La propia UNE admite que la obsolescencia de las instalaciones, sumada a décadas de explotación y a un «déficit crónico de inversiones», limita la capacidad de respuesta del sistema. El Gobierno cubano describe el escenario como «agudo», «crítico» y «extremadamente tenso», de acuerdo con datos recogidos por EFE.
El mercado ya votó, aunque en Cuba no exista mercado eléctrico: el capital privado lleva décadas sin poder entrar a modernizar plantas, tender redes o financiar mantenimiento en un sector reservado por completo al Estado. El resultado, documentado por la propia empresa estatal, es una infraestructura que envejece sin reposición y una demanda que la oferta no puede seguir, con o sin sanciones externas.
El bloqueo estadounidense agrava la escasez de combustible, pero no explica por sí solo que ocho de dieciséis centrales estén paradas ni el «déficit crónico de inversiones» que la UNE reconoce como propio. Cuando la propiedad y la gestión de la energía quedan concentradas en un único operador estatal sin competencia ni capital externo, el riesgo país se traslada directamente al usuario final: veinte horas sin luz al día no son un accidente climático, son el costo de un sistema sin incentivos para invertir ni capitalizar su propia red.



