Cuba comenzó el curso escolar 2026-2027 con una cobertura docente del 73%, un déficit que, según Infobae, condicionará la organización de las clases para cerca de 1,4 millones de alumnos desde el 1 de septiembre. La falta de maestros se concentra en La Habana y en varias provincias occidentales, de acuerdo con Diario de Cuba.
El Ministerio de Educación anunció un esquema flexible ante los problemas de electricidad, combustible, transporte y recursos materiales. La ministra Naima Trujillo Barreto indicó que cada territorio definirá la frecuencia de asistencia presencial, la doble sesión y el funcionamiento de los seminternados según sus posibilidades.
El calendario prevé un período intensivo entre el 1 de septiembre y el 3 de octubre, con contenidos del curso anterior, evaluaciones pedagógicas y planes de atención. Para cubrir las aulas, el Ministerio recurrirá a estudiantes universitarios y a profesionales de cultura, ciencia e industria, según Diario de Cuba.
La escasez de personal obliga además a aplicar la Resolución 10, norma que permite redistribuir cargas laborales y asignar a un docente clases en más de una institución.
CiberCuba, por su parte, cifró el déficit en 24.000 docentes, equivalente al 12,5% de las plazas previstas a nivel nacional, «una proporción que se mantiene desde el curso 2024-2025», según ese medio. La información disponible no precisa si ambos cálculos —el 27% de vacantes de Diario de Cuba y el 12,5% de CiberCuba— responden a universos o metodologías distintas.
Los dos medios también difieren sobre el traslado de maestros hacia la capital: Diario de Cuba habló de unos 300 docentes de otras provincias, mientras CiberCuba situó la cifra en alrededor de 3.000 procedentes del oriente del país. Ninguno cita un documento oficial que despeje la diferencia. CiberCuba sostuvo que esa política desplaza la falta de personal hacia las provincias de origen, donde las plazas vacantes quedan sin cobertura.
A la crisis docente se suma la escasez de uniformes. La ministra Trujillo Barreto reconoció que la industria produjo en agosto apenas el 12% de los uniformes previstos para primaria, con resultados similares en secundaria, según Diario de Cuba. El Gobierno atribuyó el retraso a apagones en talleres, falta de combustible para trasladar telas y dificultades para importar insumos. El Ministerio permitirá asistir sin uniforme y prevé entregar telas cortadas para que las familias confeccionen las prendas, además de iniciativas comunitarias para reparar ropa escolar existente.
En redes sociales, un ciudadano identificado como Salcedo resumió el malestar de parte del sector docente en Facebook: «Trabajan y no reciben lo que les corresponde, pierden la motivación y ven que sus condiciones empeoran cada día», mensaje que vinculó la salida de maestros de las aulas con la emigración y el deterioro de las condiciones laborales.
Los números primero: una economía que no logra producir uniformes, cubrir aulas ni sostener salarios atractivos para sus maestros revela algo más profundo que un problema logístico de un curso escolar. Cuando el Estado concentra la producción, la distribución y la asignación de plazas, cualquier falla en la cadena —combustible, telas, electricidad— se traduce de inmediato en menos clases y menos docentes frente a los alumnos.
La dispersión de cifras entre dos medios cubanos, sin un documento oficial que las reconcilie, también dice algo sobre la opacidad del sistema: cuando no hay datos verificables, cuesta calibrar la magnitud real del problema, y eso termina pesando sobre las familias que reciben las noticias por partes.



