El proyecto Southern Energy (SESA) entró en la recta final de su financiamiento. Citi, JP Morgan, Itaú y Santander lideran el consorcio bancario que estructuraría un préstamo de en torno a US$900 millones para construir el gasoducto que conectará Vaca Muerta con la costa atlántica de Río Negro, donde operarán los dos buques licuefactores del proyecto. La inversión total del ducto asciende a US$1.300 millones; la diferencia será cubierta con aportes de los socios.
Según fuentes con conocimiento directo de las negociaciones citadas por La Nación e Infobae, entre seis y doce entidades financieras participan del sindicato bajo un esquema de project finance: el repago se apoya en los ingresos futuros del proyecto, no en el balance de sus accionistas. El acuerdo podría anunciarse en los próximos días, aunque sus condiciones y monto aún están sujetos al cierre definitivo.
Los fondos financiarán el San Matías Pipeline, un gasoducto de 478 kilómetros y 36 pulgadas de diámetro que correrá desde Tratayén, en Neuquén, hasta el Golfo San Matías, en Río Negro. Según Infobae, la obra ya tiene constructor: San Matías Pipeline adjudicó la construcción a la UTE Víctor Contreras - SICIM, que superó a cuatro competidores. Las soldaduras estarían previstas para noviembre, según la misma fuente.
Southern Energy está integrada por Pan American Energy (PAE), YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG. PAE —controlada en partes iguales por BP y Bridas— encabeza el consorcio con una participación del 30%; YPF posee otro 25%.
El primer buque licuefactor, el Hilli Episeyo, llegará al país el año próximo y tiene previsto comenzar a producir hacia fines de 2027, según La Nación. La segunda unidad, denominada MK II, se incorporará en 2028. Con ambos barcos operativos, SESA alcanzará una capacidad de seis millones de toneladas anuales de GNL, equivalente a cerca del 60% del consumo industrial de gas de Argentina.
El primer buque ya tiene comprador. Según Infobae, en febrero Southern Energy cerró en Berlín un acuerdo con la estatal alemana Securing Energy for Europe (SEFE) por dos millones de toneladas anuales durante ocho años, con inicio a fines de 2027. Ese volumen representa más del 80% de la capacidad del Hilli Episeyo y podría generar ingresos superiores a US$7.000 millones según la evolución de los precios internacionales.
El desarrollo completo contempla una inversión estimada de US$21.000 millones a lo largo de su vida útil. El antecedente más cercano en términos de financiamiento es el préstamo sindicado por US$2.000 millones obtenido para construir Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), considerado hasta entonces el mayor financiamiento privado para infraestructura en Argentina.
Los números hablan solos. Capital privado internacional —sin garantías del Estado argentino— está dispuesto a comprometer casi US$900 millones bajo project finance en un gasoducto patagónico. Eso no ocurre por inercia: ocurre porque Vaca Muerta tiene reservas, porque hay contratos de largo plazo firmados y porque el marco regulatorio dejó de ser el principal riesgo del modelo. Cuando las reglas se estabilizan, la inversión encuentra el camino sola. El verdadero test no es si el crédito cierra esta semana; es si Argentina sostiene las condiciones que lo hicieron posible.



