Los números primero. Colombia debería exportar cerca de US$124.000 millones al año si igualara el promedio per cápita de la región. La cifra real es de apenas US$50.000 millones, menos de la mitad. Así lo planteó Javier Díaz, presidente de Analdex, en diálogo con El Colombiano previo al XXXVIII Congreso Nacional de Exportadores, que se celebra este jueves y viernes en Cartagena.
Solo 9.000 empresas están registradas como exportadoras en el país, una cifra que Díaz calificó de insuficiente para una economía del tamaño de la colombiana. El diagnóstico del gremio apunta directamente a los costos que asume el sector privado: «una estructura impositiva que es muy alta en nuestro país», dijo Díaz, y una inestabilidad normativa que erosiona la confianza del inversionista. «Estamos haciendo una reforma tributaria cada año y medio, cambiando las reglas de juego», señaló, al advertir que sin estabilidad jurídica ningún inversionista se compromete a instalarse en el país.
Las zonas francas aparecen como el mecanismo que sí funciona: ofrecen una tasa de renta diferencial del 20%, que Analdex considera competitiva frente al Caribe y Centroamérica. El gremio pide fortalecer ese instrumento para atraer inversión extranjera y encadenar la producción nacional a cadenas de valor globales.
El otro cuello de botella es la logística. Según Díaz, los costos logísticos en Colombia son casi el doble de los que enfrentan los países de la OCDE, y la falta de transporte intermodal —tren, camión y navegación por el río Magdalena— encarece cada tonelada que sale del país.
En el frente externo, Analdex pide al Gobierno negociar la reducción o eliminación del arancel del 12,5% que Estados Unidos aplica sobre el 30% de las exportaciones colombianas, empezando por las flores, el producto insignia del comercio bilateral. Pero el gremio insiste en no depender de un solo mercado: propone una política agroexportadora hacia Asia Pacífico, retomar la negociación del TLC con Japón —paralizada 15 años y hoy en manos del ministro de Comercio Exterior—, profundizar el acuerdo con Corea y explorar acuerdos con China, que hoy importa alimentos a gran escala.
Díaz también se refirió a la reducción de oficinas comerciales en el exterior, dentro de un proceso de racionalización de gastos, y no puso objeción a fusionar una oficina de Analdex con la embajada, siempre que se cumpla la misión comercial. Apuntó, además, que el gobierno anterior abrió embajadas «que se movía más por razones ideológicas que otras cosas», sin un objetivo claro definido.
Los hechos hablan de un sector productivo que compite con una mano atada: impuestos altos, reglas que cambian cada 18 meses y una logística que cuesta el doble que la de los países desarrollados. El mercado ya votó con la brecha de US$74.000 millones entre lo que Colombia exporta y lo que podría exportar. Mientras el Estado no ofrezca reglas estables y una carga fiscal razonable, la iniciativa privada seguirá encontrando más rentable quedarse en casa que salir a competir afuera. Capital busca reglas claras, y por ahora Colombia no las está dando.



