Los números primero. El mercado argentino de cocinas a gas de acero inoxidable exhibe en agosto de 2026 una dispersión de precios que va de los $390.000 a los $1.850.000, según el relevamiento de modelos disponibles en el país.
En el segmento de entrada, la Martiri Crystal de cuatro hornallas, convertible entre gas natural y GLP, se ubica en torno a los $390.000, una de las opciones más económicas del mercado. Le sigue la Peabody Multigas de 53 centímetros, a $436.490, pensada para quienes priorizan funcionalidad esencial y repuestos nacionales por sobre las prestaciones avanzadas.
La franja media concentra la mayor variedad de marcas. La Peabody 530 Gourmet ronda los $491.000 y la Philco PHCN50P los $497.000. La Tecno Calor EKAM, de uso industrial y orientada a comercios gastronómicos, llega a $513.000, mientras que la Escorial Master Classic se posiciona en $530.000 como equilibrio entre precio y terminación.
Un escalón más arriba aparecen modelos con mejoras técnicas de peso: la Longvie 12331x, con cajón parrilla y estructura íntegra en acero, cuesta $800.000, y la Domec F640, con luz interior y encendido electrónico, $818.000. Ambas justifican su salto de precio en mejor distribución del calor y mayor capacidad de horno.
En la gama alta, el margen de diferenciación se vuelve evidente. La Orbis 858ap4 con sistema Selectogar se vende a $1.064.000, la Whirlpool WFX57DI multigas a $1.130.000, y la Electrolux Expert 56DXQ —con doble horno y componentes eléctricos— cierra el ranking en $1.850.000, la más completa y costosa del mercado.
La dispersión no es azarosa. El propio mercado señala tres factores detrás de las diferencias de precio: el impacto de la inflación, los costos logísticos y la disponibilidad de insumos metálicos. A esto se suma que, en provincias alejadas de los grandes centros urbanos, los valores pueden ser entre 8% y 15% más altos que en las principales plazas, aunque el comercio electrónico viene reduciendo esa brecha. Las promociones bancarias y los planes de cuotas, por su parte, hacen que el precio de lista rara vez coincida con el costo efectivo de compra.
El mercado ya votó: la convivencia de una decena de marcas en segmentos que van del básico al premium es la prueba de que la competencia, y no la intervención sobre precios, es la que ordena la oferta según el bolsillo de cada hogar. El dato de que el comercio electrónico esté achicando la brecha regional sin necesidad de controles administrativos confirma esa lógica: cuando circula información de precios y hay canales de venta abiertos, la disparidad geográfica se corrige por mecanismos propios del mercado.
Queda, sin embargo, un frente pendiente. La inflación sigue apareciendo como variable explicativa de la suba de precios en un bien de consumo durable y de primera necesidad para cualquier hogar. Mientras esa presión no ceda de manera sostenida, la capacidad de ahorro de las familias argentinas seguirá siendo la verdadera variable a monitorear antes que cualquier oferta de cuotas o promoción bancaria.



