Los números primero. La California Energy Commission, con miembros designados por el gobernador Gavin Newsom, aprobó la semana pasada una nueva regla de eficiencia energética para llantas. A partir de 2029, solo podrán venderse en California las llantas de reemplazo que cumplan los nuevos estándares de «resistencia al rodamiento».
El efecto es inmediato en el catálogo disponible. Según líderes de la industria, la medida dejaría fuera hasta el 70% de los modelos de llantas de reemplazo que hoy circulan en el estado. Menos oferta, mismo bolsillo: los consumidores pagarían potencialmente cientos de dólares más por cada juego nuevo, un gasto que llega sin aviso.
Darren Thomas, CEO de Dunlop Tires North America, cuestionó públicamente el decreto. Según Thomas, las llantas exigidas por el nuevo estándar no consideran condiciones reales de manejo. El ejecutivo advirtió que probablemente fallarán en tracción y en vida útil del rodamiento.
Thomas propuso una alternativa más barata y menos coercitiva. Una presión adecuada de inflado, dijo, puede lograr los mismos objetivos de eficiencia energética que persigue la nueva regla. Educación al conductor, no una orden estatal, sería el camino simple y de menor costo.
La medida no llega aislada. En 2020, Newsom firmó una orden ejecutiva para que todos los autos de pasajeros vendidos en California sean de cero emisiones para 2035. Las encuestas citadas muestran que los californianos se han volcado en contra de ese mandato con el paso del tiempo.
El malestar no es solo teórico. Esta semana, una propietaria de un Rivian eléctrico identificada como Linda generó debate en redes al quejarse del alto costo de cargar su vehículo en un Costco. El caso ilustra los costos y las contrapartidas que enfrentan los dueños de eléctricos fuera de casa.
El mercado ya votó, y lo hizo con escepticismo. Si las llantas eficientes o los autos eléctricos fueran opciones obviamente superiores, los consumidores las comprarían sin necesidad de mandato alguno. La regulación de Sacramento no resuelve una falla de mercado: sustituye la decisión del comprador por la del regulador.
Capital busca reglas claras, no un catálogo de productos decidido por burócratas con agenda climática. California es la cuarta economía del mundo, pero ni ese tamaño le permite mover el termómetro planetario. Lo que sí logra el decreto es encarecer un bien de primera necesidad para el conductor y reducir el menú de opciones disponibles, mientras el aparato regulador se atribuye una victoria simbólica pagada por el contribuyente.



