Wall Street abrió este martes 6 de octubre en verde y con récords en dos de sus principales indicadores. El S&P 500 y el Nasdaq marcaron nuevos máximos al inicio de la sesión, impulsados por las grandes tecnológicas involucradas en el desarrollo de la inteligencia artificial, mientras el precio del petróleo y el rendimiento de los bonos siguieron a la baja.
A la apertura, el Dow Jones de Industriales ganaba 0.34 por ciento, hasta 51 mil 444 puntos. El S&P 500 avanzaba 0.49 por ciento, hasta 7 mil 811 enteros, y el Nasdaq crecía 0.60 por ciento, hasta 27 mil 640 unidades. En los primeros compases, el S&P 500 llegó a 7 mil 817 puntos y el Nasdaq a 27 mil 677.
Grupo Financiero Ve por Más señaló que anticipaba inicialmente «un impulso al apetito por riesgo desde el sector tecnológico», donde se anunciaron transacciones y levantamientos de capital, además de los menores precios del crudo. La firma añadió que persiste la incertidumbre relacionada con el nuevo marco de política monetaria de la Fed, la prolongación del conflicto en Medio Oriente y el clima político en Europa.
En México, los dos centros bursátiles también registraban alzas. El S&P/BMV IPC de la Bolsa Mexicana de Valores avanzaba 0.44 por ciento, hasta 65 mil 267.55 unidades, mientras que el FTSE-BIVA de la Bolsa Institucional de Valores se ubicaba en mil 323.66 enteros, con un incremento de 0.51 por ciento.
En Europa, el DAX de Alemania subía 0.83 por ciento, hasta 25 mil 463.00 enteros. El IBEX 35 de España ganaba 0.63 por ciento, en 19 mil 421.60 puntos. El CAC 40 de Francia avanzaba 0.33 por ciento, en 7 mil 860.20 unidades, y el FTSE 100 de Londres subía 0.31 por ciento, hasta 10 mil 530.58 enteros.
En el mercado internacional de petróleo, el West Texas Intermediate se colocaba en 87.90 dólares por barril, con una pérdida de 1.74 por ciento. El Brent registraba una baja de 2.04 por ciento y cotizaba en 98.22 dólares por barril.
La lectura de fondo es clara: cuando las tecnológicas empujan y la energía cede, el mercado premia la expectativa de mayor retorno y menor presión sobre costos. Eso beneficia a quienes invierten con reglas claras y castiga a quienes dependen de un entorno de incertidumbre monetaria y geopolítica.
También deja una señal para los gobiernos: menos interferencia, más certidumbre y menos ruido regulatorio suelen mejorar la productividad del capital. El dinero de los contribuyentes no crea estos máximos; lo hacen la innovación, el flujo de inversión y un mercado que asigna riesgo sin pedir permiso al aparato estatal.