Viajar a Estados Unidos bajo el Programa de Exención de Visa será un poco más caro desde el 16 de octubre. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) aplicará un nuevo valor para la autorización ESTA, el permiso obligatorio para los extranjeros que pretenden ingresar al país norteamericano bajo ese régimen.
El cambio eleva el costo total del trámite de US$40,27 a US$40,62, un aumento de US$0,35. La notificación oficial indica que la CBP comenzará a aplicar los nuevos valores 15 días después de la publicación del documento en el Registro Federal. Como el documento fue programado para el 1° de octubre, la nueva tarifa entra en vigencia el 16 de octubre.
Si una solicitud ESTA es rechazada, el importe correspondiente será de US$10,62. Además, la publicación aclara que el ajuste forma parte de una actualización más amplia de determinadas tarifas migratorias para el año fiscal 2027, que también incluye cambios para el permiso de ingreso bajo parole y para el sistema EVUS. En cambio, la tarifa correspondiente al formulario I-94 no aumentará.
El origen de esta suba está en la One Big Beautiful Bill Act, identificada en el documento como HR-1, una ley promulgada el 4 de julio de 2025. Esa norma introdujo nuevas tarifas migratorias e incrementó algunas ya existentes, además de establecer que determinadas tasas deben actualizarse cada año de acuerdo con la evolución del Índice de Precios al Consumidor para Todos los Consumidores Urbanos, conocido como CPI-U.
Para calcular los valores del año fiscal 2027, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) tomó como referencia la variación entre julio de 2025 y julio de 2026. El CPI-U pasó de 323,048 a 333,918, lo que representa un incremento del 3,36%.
En el caso del ESTA, la fórmula no afecta a toda la tarifa por igual. La estructura está compuesta por tres componentes: US$17, US$10,27 y US$13. Solo el componente de US$10,27, asociado a la recuperación de los costos de prestación y administración del sistema, queda sujeto a la actualización por inflación. Los otros dos montos permanecen sin modificaciones.
La suba es pequeña en términos absolutos, pero vuelve a confirmar una tendencia clara: cada ajuste regulatorio termina pasando por la caja del viajero. Capital busca reglas claras, y la burocracia estadounidense, una vez más, convierte una autorización obligatoria en una tasa que sube con la inflación. Para el contribuyente extranjero, el costo es marginal; para el sistema, es otra muestra de cómo el Estado administra el acceso como si fuera un peaje.
El mercado ya votó hace tiempo por la previsibilidad. Cuando las reglas cambian por capas y cada trámite suma cargos, el mensaje para el viajero y para la libre circulación de personas es el mismo: más fricción, más costo y menos sencillez. En migración, como en economía, la señal importa tanto como el monto.