Donald Trump inauguró este lunes su nuevo helipuerto en la Casa Blanca mientras las principales cadenas de televisión mantenían sus cámaras fuera de la ceremonia, en protesta por el veto impuesto a CNN.
La secuencia dejó una imagen poco habitual: el presidente cortó una cinta con tijeras doradas bajo una llovizna ligera, saludó a funcionarios y a parte de una cuadrilla de construcción, pero su voz no pudo oírse con claridad. La transmisión gubernamental tampoco logró captar audio útil, de acuerdo con lo reportado.
La razón del boicot fue la decisión de Trump de prohibir el acceso a CNN, MS NOW y Politico a la Casa Blanca. La medida fue anunciada el viernes pasado y aplicada al día siguiente con la revocación y confiscación de credenciales, según la SIP. Los tres medios respondieron con acciones legales contra el Gobierno.
ABC, CBS, NBC y Fox News acordaron suspender la cobertura conjunta de los actos de Trump, lo que rompió la rotación habitual del pool televisivo que distribuye imágenes al resto de los medios. CNN, además, había sido apartada del grupo que cubriría el viaje del presidente a Nueva York para la Asamblea General de la ONU.
La SIP criticó la decisión y afirmó que «constituye una grave restricción al ejercicio periodístico» y que plantea «serios cuestionamientos constitucionales» bajo la Primera Enmienda. Pierre Manigault dijo que «el poder público no puede utilizar el acceso a sus instalaciones como instrumento de castigo contra los medios que lo cuestionan».
Martha Ramos añadió que «excluir periodistas por su cobertura es incompatible con una prensa libre» y que el Gobierno debe «garantizar el acceso y la diversidad informativa, no seleccionar qué medios pueden informar según lo que publican». La organización también expresó preocupación porque Trump mencionó a The New York Times y The Washington Post como posibles próximos vetados.
El episodio llega cuando Trump también enfrenta inquietud por inflación y una economía que podría debilitarse, además de una disputa mediática que ya eclipsa sus proyectos de construcción en la Casa Blanca y su viaje a la ONU. El presidente, por su parte, había dicho en julio que el helipuerto se financiaría de forma privada y que costaría hasta 6 millones de dólares.
Los números primero. El hecho central no es el helipuerto, sino el poder de decidir quién informa y quién queda afuera. Cuando un Gobierno usa el acceso como castigo, el daño no se limita a una redacción: se encarece la fiscalización pública y se reduce el flujo de información para todos.
El mercado ya votó. También en la política, la transparencia vale más que el decorado. Capital busca reglas claras, y la prensa libre es una de ellas. Si la Casa Blanca convierte la cobertura en un privilegio administrado, el mensaje para el resto de las instituciones es el peor posible: el poder premia la obediencia y penaliza la crítica.



