El capitán estadounidense Brandt Snedeker atribuyó a Donald Trump parte decisiva de la remontada de Estados Unidos en la Presidents Cup, ganada 17-13 al International Team el domingo en Medinah Country Club.
«Un último saludo: Donald Trump. El presidente Trump. Me dijo: ‘Voy a traer energía hoy para ustedes. La necesitan’», afirmó Snedeker. Luego agregó: «Le dije que, si logramos esto, él se lleva todo el crédito. Así que, gracias, presidente Trump».
Con Trump en la tribuna, Estados Unidos llegó a las individuales del domingo en una situación inédita en la historia del torneo: por primera vez, el equipo local estaba abajo al entrar a la sesión final. Trump, presidente honorario del evento, habló brevemente desde el primer tee antes de que comenzara el juego.
«Saben, los medios falsos dirán que recibo una recepción muy mala», dijo Trump, entre risas de la multitud. «Pero recibimos una buena recepción».
También añadió: «[El director general del PGA Tour, Brian Rolapp] dijo: ‘¿Podría hacer un discurso corto?’ Yo dije: ‘No, no tengo el valor de dar un discurso. Esta gente quiere ver golf. No quiere escuchar discursos’. Solo diré esto: Nuestro país lo está haciendo muy bien, mejor que nunca».
Estados Unidos llegó a la semana con un registro perfecto en Presidents Cups jugadas en casa: ocho victorias en ocho ediciones y 10 triunfos consecutivos en total. Pero también venía de perder 15-13 ante Europa en la Ryder Cup del año pasado en Bethpage Black. Para el golf estadounidense, una nueva derrota en casa habría sido otra señal incómoda en un formato que suele premiar la ventaja local.
Esta vez, el equipo reaccionó. Estados Unidos borró una desventaja de 10½-7½ al ganar nueve de los 12 duelos individuales y superar al International Team 9½-2½ en la jornada decisiva. El novato de Presidents Cup Jacob Bridgeman selló el punto ganador con un putt de par en el hoyo 18.
Snedeker también movió sus piezas al inicio de la sesión final, enviando a varios de sus mejores jugadores para presionar al rival. Cameron Young abrió la serie y respondió con una victoria 3&2. Justin Thomas, especialista en match play, salió tercero, en una apuesta clara por cambiar el impulso del torneo desde temprano.
El resultado evitó que el equipo visitante celebrara otra vez en suelo estadounidense. Y dejó una lectura simple: en eventos de alta presión, la energía, la ejecución y el cierre valen más que el ruido exterior.
Para Estados Unidos, la remontada preserva su fortaleza histórica en casa. Para el rival, el domingo confirmó que una ventaja construida durante tres jornadas no basta si el último tramo se pierde. El mercado del deporte también vota en ese sentido: quien llega mejor al cierre capitaliza el premio completo.
Trump, por su parte, convirtió su presencia en parte del relato del triunfo. Snedeker se lo concedió sin matices. En Medinah, el crédito político y el deportivo terminaron entrelazados, pero el hecho central sigue siendo uno: Estados Unidos evitó el tropiezo y retuvo el trofeo con una reacción que vale más que cualquier discurso.


