Toyota anticipó que 2027 será «un año de muchas novedades» y abrió la puerta a un nuevo modelo para un segmento que, según Gustavo Salinas, «viene creciendo». El presidente de Toyota Argentina habló durante la sexta edición del evento de Movilidad organizado por LA NACION y dijo que la marca renovará la Hilux y el SW4, además de sumar un vehículo cuya identidad todavía no puede revelar.
Salinas sostuvo que ese lanzamiento está «en fase avanzada de pruebas» y que su salida al mercado está programada para el primer semestre de 2027. También señaló que se ubicará por debajo de la Hilux y competirá en el segmento de camionetas intermedias con estructura monocasco. Sin confirmar que se trate de una pickup, afirmó que será un producto para un nicho donde «hay clientes que están esperando que Toyota tenga una propuesta».
El anuncio se da en paralelo con una inversión de US$1341 millones para el complejo industrial de Zárate. El proyecto fue aprobado por el Comité Evaluador del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones y contempla incorporar una nueva línea de producción de vehículos electrificados, con perfil principalmente exportador.
Según los datos difundidos por el Ministerio de Economía, la iniciativa proyecta exportaciones por US$1280 millones anuales y la generación de unos 3600 puestos de trabajo durante la construcción, además de otros 2600 empleos directos e indirectos durante la operación. Salinas dijo que el proyecto todavía está en proceso de validación con la casa matriz, aunque remarcó que la confirmación del RIGI «da un respaldo muy importante» para usar esa herramienta como parte de esa validación.
El ejecutivo también confirmó que la nueva línea será independiente de la actual y que estará dentro del predio de Zárate. Sobre los plazos, aseguró: «Estamos ya en la fase final». Para Toyota, el régimen aprobado por el Estado aparece como una pieza central del proyecto porque, en palabras de Salinas, «te da previsibilidad y reglas claras por 30 años».
En su lectura del mercado, Salinas describió un cambio profundo entre una economía cerrada y una economía abierta. Dijo que el segmento premium mostró un crecimiento superior al generalista por el efecto de las restricciones a las importaciones y que el crédito, junto con la morosidad del sistema financiero, no ayudó a expandir más las ventas.
También mencionó que las automotrices chinas ganaron presencia en Argentina con la mayor apertura comercial. Toyota, recordó, exporta el 80% de su producción a 23 países, lo que le da escala para competir afuera mientras busca sostener inversión y empleo en el país.
La lectura de fondo es clara: cuando hay reglas previsibles, el capital se anima a comprometer montos grandes, sumar tecnología y pensar a largo plazo. El dato político no es menor: la inversión privada no florece por decreto, sino cuando el Estado deja de ser un obstáculo y ofrece un marco estable.
Para la Argentina, el caso Toyota vuelve a mostrar qué premia el mercado. Premia previsibilidad, apertura y capacidad exportadora. Y también deja una advertencia: si la burocracia o la incertidumbre vuelven a ganar terreno, el costo no lo paga una automotriz; lo pagan el empleo, la productividad y el contribuyente.