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Noruega consolida su liderazgo eléctrico con impuestos al contaminante y menos subsidios

El país ya alcanza 95% de autos nuevos de cero emisiones y convirtió la electromovilidad en una política de mercado: más gravamen para el combustible, más competencia para el eléctrico. Ahora el reto pasa a vans y camiones.
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jueves 1 de octubre de 2026

Noruega se ubicó en la delantera para llegar a la meta de cero emisiones y ya tiene el mayor número de autos eléctricos per cápita del mundo. Lo hizo con incentivos, pero sobre todo con una premisa simple: «el que contamina paga».

Sveinung Kvalø, asesor sénior de la Asociación Noruega de Vehículos Eléctricos, explicó que en Noruega existe un impuesto medioambiental. Cada vez que alguien compra un auto diésel o a gasolina, debe pagar ese gravamen. El mecanismo, dijo, cumple un doble efecto: vuelve más competitivos a los vehículos eléctricos y entrega recursos al Estado.

«No es que esto suponga un costo enorme para el gobierno. En realidad, es una oportunidad de ingresos», sostuvo Kvalø. También afirmó que tiene sentido que los autos más contaminantes paguen más impuestos.

La política vino acompañada de beneficios. Uno fue la exención del IVA, que hoy se elimina de manera gradual y desde 2028 esos autos pagarán el impuesto completo. Otro fue el acceso a carriles exclusivos para buses, un incentivo que resultó decisivo en una etapa temprana. Más adelante, cuando el parque creció, ese beneficio se fue retirando.

Kvalø subrayó que las medidas se ajustaron a medida que evolucionó el proceso. Hoy la idea es que ese espacio lo usen vans y camiones eléctricos. «Y no cuesta nada ni para el gobierno ni para la ciudad», afirmó, siempre que la flota sea pequeña y los carriles no se saturen.

Los eléctricos tampoco pagan el impuesto de circulación que grava la gasolina y el diésel. En cambio, deben cancelar una cantidad anual por encima de la de los autos de combustión, para compensar esa diferencia. El resultado, según Kvalø, es que los vehículos se están volviendo muy competitivos y por eso apoya la eliminación gradual de las subvenciones.

El Parlamento fijó en 2016 que el 100% de los autos de pasajeros vendidos en 2025 fueran de cero emisiones. La cifra no se cumplió exactamente, pero el país llegó a 95%. Esa meta, dijo Kvalø, «nos dio algo con lo que trabajar» y empujó el ajuste de las políticas.

Los nuevos desafíos se concentran en otros segmentos. Las vans deberían ser todas eléctricas para 2029 y en 2030 los camiones nuevos tendrían que ser de batería o de biogás. Noruega no tiene fecha para reemplazar toda la flota, pero espera que las ventas de autos nuevos sean 100% de cero emisiones alrededor de 2040.

Antes de la meta de 2016, el país ya había invertido en infraestructura de carga. Entre 2014 y 2017, un programa gubernamental instaló la red inicial de cargadores rápidos a lo largo de las rutas principales. Kvalø dijo además que el 80% de toda la carga se hace en casa y que la respuesta para los residentes en departamentos fue una ley de «derecho a cargar».

El caso noruego muestra que la transición avanza cuando el Estado define reglas claras, cobra al que contamina y deja que la tecnología compita. El mercado responde mejor cuando los subsidios se retiran y el precio refleja el costo real de usar la infraestructura y la energía.

También deja una lección fiscal: la electrificación no sólo reduce emisiones, sino que puede generar ingresos y aliviar la presión sobre el presupuesto público. Capital busca reglas claras. Cuando el incentivo está bien diseñado, la inversión se ordena sola.

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