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Musk rebautiza la división de IA de SpaceX tras la orden de Trump sobre «Super Inteligencia»

SpaceXAI pasará a llamarse SpaceXSI, en otro ajuste de marca alineado con la directiva de la Casa Blanca. El movimiento refuerza la sintonía entre Musk y Trump en el frente tecnológico.
Imagen generada con IA
lunes 5 de octubre de 2026

Elon Musk confirmó en X que la división de inteligencia artificial de SpaceX será renombrada SpaceXSI, luego de la orden ejecutiva de Donald Trump que llama a la tecnología «Super Inteligencia».

La medida sigue a la directiva titulada «Inaugurating the Era of Super Intelligence», que sostiene que el nuevo término refleja mejor las capacidades de la tecnología. La orden aplica a las comunicaciones públicas, sitios web y reportes del gobierno, aunque las referencias estatutarias del Congreso quedan exentas hasta que se aprueben enmiendas conformes.

El cambio de nombre también refuerza la relación de Musk con la administración Trump. La fuente señala que xAI, a través de Grok, fue contratada para impulsar ciertos trabajos del gobierno mientras Musk se desempeñó como asesor especial de Trump en 2025.

Antes de este cambio, SpaceXAI había sido creada apenas unos meses antes, en julio, después de que SpaceX adquiriera xAI en un acuerdo de 1.25 billones de dólares que consolidó ambas compañías. Ese movimiento ya había sido un giro importante en la estructura del negocio, y ahora suma una segunda transformación de identidad.

xAI había operado antes como una startup independiente fundada por Musk en 2023. Más tarde, la compañía adquirió X Corp., antes conocida como Twitter, en marzo de 2025.

El dato de fondo no es menor: cuando la narrativa oficial se impone también sobre el vocabulario, el mercado entiende que la política vuelve a meter la mano en la terminología de una industria que vive de la confianza, la inversión y la velocidad de ejecución. Capital busca reglas claras, no una sucesión de reetiquetados desde el poder.

Para los contribuyentes y las empresas que dependen del aparato estatal, el mensaje es claro: la batalla por la inteligencia artificial también se libra en el lenguaje. Y cuando el lenguaje se vuelve decreto, el riesgo es que la burocracia termine marcando el ritmo de una tecnología que debería avanzar por productividad, competencia y retorno, no por consigna.

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