Eva Marie Saint, actriz ganadora del Óscar y el Emmy, murió el martes por causas naturales en su casa de Los Ángeles, según su representante. Tenía 102 años.
Su muerte cierra la trayectoria de una de las intérpretes más recordadas del Hollywood de mediados del siglo XX. Saint destacó en películas como «On the Waterfront» y «North by Northwest», títulos que la convirtieron en una referencia del cine clásico de estudio.
Nacida el 4 de julio de 1924 en Newark, Nueva Jersey, y criada en Albany y Delmar, Nueva York, estudió actuación en Bowling Green State University, donde recibió un premio de trayectoria en 2018. Tras graduarse en 1946, se mudó a Nueva York, pasó por The American Theatre Wing, estudió con Lee Strasberg en The Actors Studio y trabajó como asistente de NBC.
Su despegue llegó primero en televisión y teatro. En 1953 interpretó a Thelma en «The Trip to Bountiful», de Horton Foote, junto a Lillian Gish. Por esa actuación recibió el Outer Critics Circle Special Award en 1954. Al año siguiente obtuvo dos nominaciones al Emmy por «Middle of the Night» y «Our Town».
El gran salto al cine se produjo con «On the Waterfront», donde interpretó a Edie Doyle, el centro moral de la historia frente a Marlon Brando. Por ese papel ganó el Óscar a mejor actriz de reparto en 1955. La película obtuvo ocho premios de la Academia esa noche, incluido mejor película.
En 1959 llegó «North by Northwest», de Alfred Hitchcock, donde encarnó a Eve Kendall, una agente que ayuda a Roger Thornhill, interpretado por Cary Grant. Las fuentes destacan que Hitchcock la vistió con ropa elegida por ella misma y que construyó el personaje desde la imagen exterior.
Después de esos dos hitos, su carrera siguió con papeles en «A Hatful of Rain», «Raintree County», «Exodus», «All Fall Down», «The Sandpiper» y «The Russians Are Coming, the Russians Are Coming». También trabajó en televisión durante décadas y tuvo roles en «Moonlighting» y en «Superman Returns», donde interpretó a Martha Kent.
Saint estuvo casada con el director Jeffrey Hayden desde 1951 y tuvo dos hijos. Había vivido en Los Ángeles desde 1956.
Más allá del homenaje de rigor, su carrera recuerda algo que en la industria del entretenimiento no siempre se valora: el capital cultural también tiene retorno cuando la calidad manda. Saint no dependió de la estridencia ni del aparato publicitario; sostuvo una marca personal basada en talento, disciplina y consistencia.
Ese tipo de trayectoria premia el mérito y la libertad creativa, no la burocracia del aplauso fácil. El mercado del cine siempre termina reconociendo a quienes agregan valor real a la pantalla, y Saint fue precisamente eso: una intérprete que convirtió cada papel en un activo duradero de la memoria colectiva.

