Javier Milei volvió a poner el foco en la elección del año que viene como punto de quiebre para su proyecto económico. Ante empresarios en el 62° Coloquio IDEA, sostuvo que los argentinos deberán optar entre «el modelo de la decadencia y el de la prosperidad».
«Creo que van a elegir el de la prosperidad», dijo en una entrevista con José Del Rio, director de contenidos de LA NACION. Y agregó: «Si acompañan las ideas de la libertad, nos vamos a enfrentar a los mejores cuatro años de la historia argentina. Si deciden otra cosa, pagarán las consecuencias por elegir el modelo de la decadencia».
El Presidente participó de manera virtual porque se encuentra en París, Francia, por la Argentina Week, junto al ministro de Economía, Luis Caputo, la secretaria general, Karina Milei, otros funcionarios y gobernadores.
Milei insistió en que el crecimiento no será instantáneo y que requiere tiempo. «Lo primero que hay que tener es paciencia. Los procesos de crecimiento no son instantáneos. De hecho, esa es mi especialización en economía. Demandan mucho tiempo», sostuvo.
También dijo que la Argentina, en condiciones normales, «podría converger a ser una potencia» dentro de 30 o 40 años. En ese marco, cuestionó a la oposición y afirmó que existen «chances para acelerarlo», aunque advirtió que la transición es dura por «quienes tenemos enfrente».
Más tarde, al ser consultado por opositores como Axel Kicillof y Myriam Bregman, respondió: «No me importa. Mi rival soy yo mismo. ¿Qué me importan los que atrasan 100 años y los que fracasaron siempre? Es casi insultante tener que debatir con un comunista».
En materia económica, señaló que, según las estimaciones del FMI, la Argentina va a estar en el cuarto lugar de los países que más crecen en el mundo. También atribuyó la demora en la baja de la inflación a la presión política y social: «Si no teníamos que enfrentar siete intentos de golpes de Estado, 40 leyes intentando romper el equilibrio fiscal, la gente haciendo actos terroristas en la calle, y algunos jugadores de mercado con ganas de romper todo, la inflación ya estaría empezando con cero hace rato», justificó.
Sobre el rumbo de las reformas, Milei afirmó que, si logra un resultado similar al de las elecciones de octubre, pasarían a tener mayoría en Diputados y estarían cerca de dos o tres senadores del quórum propio. En su visión, eso permitiría acelerar el programa oficial: «La velocidad que van a tomar las reformas en la Argentina va a hacer que en seis meses no la puedan reconocer».
También abrió la puerta a una reforma previsional, pero la ató a una baja del riesgo país, a una aceleración del crecimiento y al cierre del gap del mercado laboral. Y sobre el cepo al dólar para empresas, insinuó que, de ganar los comicios, «la apertura total es un dato, una vez superada esta situación».
En otro tramo, se refirió al fallo de la Corte Suprema sobre la extranjerización de tierras y remarcó que no piensa intervenir: «Nosotros estamos en una república. Hay división de poderes. Funciona y, si vivimos abogando y poniéndonos la bandera de la república, lo que decide la Corte es lo que decide la Corte, y yo no tengo por qué meterme en lo que está decidiendo».
La señal política es clara: Milei intenta convertir la próxima elección en un plebiscito sobre la dirección económica. Para el mercado, lo central no es el eslogan sino la capacidad real de traducir respaldo político en reglas más estables, menos fricción y menor riesgo país.
Capital busca reglas claras. Si el Gobierno consigue convertir el discurso en reformas sostenibles, habrá más margen para inversión y productividad. Si no, la cuenta la pagarán nuevamente la inversión, el crédito y el ahorro privado, que siguen esperando un marco previsible.

