Douglas Levin, fundador de Black Duck Software, visitó la Argentina y habló del efecto de la inteligencia artificial en las personas y en los negocios. Actualmente es investigador ejecutivo en Harvard Business School y asesor académico en la Facultad de Derecho de Stanford.
Durante su paso por el IAE Business School, Levin dijo que la pregunta ya no es si la IA va a transformar el trabajo, porque eso ya está ocurriendo. También planteó que el desafío ahora pasa por entender qué habilidades humanas deben seguir cultivándose, dónde se concentra el verdadero valor económico de la IA y qué tareas no conviene delegar por completo.
Consultado sobre el valor económico de la tecnología, sostuvo que no está solo en el mejor modelo, sino en la supervisión humana, lo que suelen denominar «human in the loop». También mencionó los workflows de trabajo, es decir, los procesos o tareas concretas dentro de una organización que pueden ser reemplazadas o automatizadas con IA.
Levin agregó que la IA que se use también importa, porque las funciones cambian y hay que mantenerse actualizado con las capacidades que salen al mercado. En ese punto remarcó que la experimentación es un principio fundamental, ya que un modelo puede ser el mejor hoy y otro superarlo mañana. Puso como ejemplo a Claude y OpenAI al señalar que, a su juicio, uno puede escribir mejor y el otro resolver mejor en matemática.
Sobre los incidentes recientes con agentes de IA, dijo que hubo una gran variedad de casos, en su mayoría vinculados a LLM que salieron de sus límites y penetraron en empresas cuyas defensas no estaban preparadas para tecnologías de esas características. Agregó que esos agentes extraen datos, que fueron diseñados para alimentarse de ellos y que los integran en su sistema para volverse más inteligentes.
También dijo que queda pendiente saber si esos episodios fueron intencionales o accidentales. Según Levin, en muchos casos las empresas sostuvieron que fue un accidente, aunque al mismo tiempo evitarían demandas o juicios al decir que no fue voluntario.
En otro tramo, señaló que todavía no se vio un daño existencial, pero planteó que a futuro podrían darse escenarios como la penetración de laboratorios nucleares o la creación de armas biológicas. En su visión, la cuestión es si pueden ponerse límites a ese tipo de comportamientos.
Levin dijo además que en dos o tres años tendrán AGI, y que la superinteligencia sería una etapa distinta, en la que sistemas de IA podrían programar a otros sistemas de IA muy grandes. También mencionó a Neuralink y a otras compañías que intentan poner inteligencia artificial en el cerebro.
Sobre la productividad, Levin aseguró que desde la irrupción de esta tecnología en el mundo laboral la gente experimenta mayor productividad en el trabajo.
Los números primero. Si el valor económico se desplaza hacia la supervisión humana, la ventaja competitiva ya no depende solo de comprar software, sino de organizar mejor el trabajo, medir los procesos y proteger la toma de decisiones. Capital busca reglas claras.
El mercado ya votó: la IA no elimina la necesidad de criterio humano, la vuelve más valiosa. Para la libre empresa, el mensaje es directo: quien combine tecnología con responsabilidad y productividad capturará el retorno; quien delegue todo al algoritmo quedará expuesto al riesgo operativo.