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La minería del cobre usó 211 PJ en 2025 y ya absorbe el 15% de la energía de Chile

El sector elevó 3% su demanda en un año y 27% en una década, mientras la producción de cobre fino cayó de 5,77 a 5,39 millones de toneladas. El dato refuerza la presión sobre costos, electricidad y logística en una industria clave.
jueves 8 de octubre de 2026

La minería del cobre representó el 15% de toda la energía consumida por Chile en 2025, según Cochilco. En total, el sector gastó 211 petajulio (PJ), equivalentes a unos 59 mil GWh, lo que implica un alza de 3% frente al año anterior y de 27% respecto de hace diez años.

El aumento energético se produjo pese a que la producción de cobre tuvo un leve descenso, desde 5,77 hasta 5,39 millones de toneladas de cobre fino. Cochilco sostiene que esto «evidencia que cada vez se necesita más energía para producir un tonelaje de cobre fino similar». La explicación apunta a leyes más bajas y yacimientos antiguos más profundos, factores que obligan a procesar más material.

Del total consumido en 2025, 105,7 PJ correspondieron a combustibles y 105 PJ a electricidad. La minería a rajo abierto fue el proceso más intensivo: representó el 44% del consumo de la industria y gastó 93 PJ. Cochilco destaca que el transporte de material en el rajo concentra hoy el principal desafío de descarbonización del sector.

Las plantas concentradoras fueron el segundo mayor consumidor, con 28% del total y 59 PJ. Entre ambos procesos explican tres cuartos del consumo minero. Más atrás aparecen la hidrometalurgia, con 20,7 PJ, y el uso de agua de mar, con 12,4 PJ.

En la última década, la hidrometalurgia redujo su consumo 19% y la fundición cayó 29%, por el agotamiento de reservas oxidadas y la menor actividad de fundición. Pero el informe advierte que ese cambio desplaza el consumo hacia la concentración y, sobre todo, hacia el rajo, más intensivos en energía y combustibles.

El mayor salto lo dio el uso de agua de mar, cuyo gasto energético casi se multiplicó por seis en diez años, desde 2,2 PJ en 2015 hasta 12,4 PJ en 2025. La mayor carga está en la impulsión del agua, que demandó 10,3 PJ, mientras la desalinización consumió 2,1 PJ.

Víctor Garay, director de estudios y políticas públicas (s) de Cochilco, explicó que lo que más energía demanda no es desalar el agua, sino llevarla hasta las faenas, muchas de ellas lejos de la costa y a gran altura. También señaló que este crecimiento responde a una decisión estratégica de la industria ante la escasez hídrica en el norte y las restricciones al uso de aguas continentales.

Garay añadió que hoy 15 faenas usan agua de mar, más del doble que hace una década, y que en Antofagasta ese recurso ya supera al agua continental. A su juicio, los sectores de desalación y electricidad deberán planificar en conjunto.

En electricidad, sin considerar combustibles, el 80% del consumo de 2025 correspondió a fuentes de contratos de suministro de energía renovable, equivalentes a 84 PJ. Cochilco subraya que en 2022 esa proporción era de 45%, con 45 PJ. El estudio menciona además los PPA y los certificados I-REC como mecanismos para respaldar el origen renovable del suministro.

El cuadro deja una señal clara para la inversión: más cobre no está significando necesariamente menos presión energética. Para una industria que ya depende de combustible, red eléctrica y agua en zonas cada vez más exigentes, la productividad futura se jugará tanto en mineral como en capitalización energética.

Capital busca reglas claras. Cuando el aparato productivo requiere más energía para producir lo mismo, el costo termina apareciendo en márgenes, en tarifas y en la competitividad del país. La señal de fondo es simple: sin infraestructura eléctrica, certeza regulatoria y eficiencia operativa, la minería sigue cargando una cuenta que no paga sola.

El mercado ya votó. Y en esta industria, la transición no se mide por discursos, sino por energía disponible, agua asegurada y capacidad real de ejecutar inversión.

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