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La IA no basta: una estrategia laboral es clave para no comprar automatización inútil

Haris Pylarinos sostiene que invertir en herramientas de IA sin formar a la plantilla deja a las empresas expuestas a fallas, falsos positivos y pérdida de criterio. El reto no es gastar más, sino capitalizar capacidad humana junto con la tecnología.
lunes 5 de octubre de 2026

Haris Pylarinos, fundador y CEO de Hack The Box, plantea que la ciberseguridad no empieza con las herramientas, sino con las personas. Su tesis central es que una estrategia de IA sin una estrategia laboral termina siendo cara, frágil y, en el peor caso, engañosa.

Pylarinos compara la compra de software y de IA con adquirir un automóvil muy costoso sin tener licencia para conducirlo. La analogía resume su advertencia: la tecnología por sí sola no resuelve el problema si quienes deben usarla no saben operarla, evaluarla ni detectar cuándo falla.

El directivo afirma que muchas estrategias de IA arrancan con plataformas e inversión, mientras la fuerza laboral recibe mucha menos atención. A su juicio, ese desbalance es un error recurrente en empresas que creen que gastar equivale a solucionar. Dice que se implementan agentes de IA, se configuran una vez y se dejan correr sin supervisión, aunque luego podrían estar generando falsos positivos o falsos negativos.

En su visión, el cambio tecnológico también transformó el trabajo en ciberseguridad. Explica que, antes de la IA, los atacantes enviaban correos de phishing genéricos a miles de personas; ahora pueden crear mensajes personalizados para cada individuo, en paralelo e incluso con chat en vivo. Eso, según él, eleva la tasa de éxito de los ataques.

Pylarinos agrega que un penetrador fuerte de los años 90 apenas reconocería el oficio actual. La IA ya asume tareas triviales y empuja a operar a otra escala, con más datos, más paralelismo y más decisiones humanas sobre el flujo de trabajo. En esa lógica, la capacitación continua deja de ser un complemento y pasa a ser una necesidad operativa.

También advierte sobre el riesgo de desplegar IA en todas partes sin límites claros. Dice que algunas organizaciones aplican estas herramientas de forma indiscriminada, sin añadir gradualmente áreas ni comparar el rendimiento con procesos previos. El resultado, sostiene, puede ser un entorno inseguro que además les dice a los responsables que todo está bien.

Para Pylarinos, la solución pasa por práctica intensiva y pensamiento crítico. Defiende entrenar de manera repetida para mantener la competencia humana en el circuito, y medir no solo adopción de IA, sino capacidad real. A su juicio, la excesiva delegación de ejecución en sistemas automáticos puede erosionar el juicio humano y la capacidad de resolver problemas.

La lectura para el mercado es clara: la productividad no nace de comprar algoritmos, sino de combinar capital tecnológico con capital humano. Capital busca reglas claras. Cuando una empresa confunde automatización con control, compra riesgo operativo y destruye margen potencial en vez de ampliarlo.

En el fondo, la advertencia de Pylarinos favorece a las compañías que invierten en formación, supervisión y disciplina de procesos. Para el resto, la promesa de la IA puede convertirse en otra capa de burocracia tecnológica, costosa y vulnerable, en lugar de una verdadera ganancia de productividad.

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