La Argentina tiene una oportunidad para dar un salto en la producción de proteínas animales y ganar participación en el mercado internacional. Ese fue el punto de partida del panel «Ganadería inteligente, producir, innovar, crecer», realizado en el Forum Nacional de Agronegocios de LIDE Argentina, en el Alvear Icon Hotel.
Allí, empresarios de la cadena coincidieron en que el país cuenta con condiciones para aumentar la producción de carne vacuna y porcina. Pero también dejaron una advertencia nítida: para transformar ese potencial en inversiones y crecimiento sostenido hacen falta reglas claras, previsibilidad y políticas de mediano y largo plazo.
Pablo Paladini, presidente de Paladini, fue el más directo al plantear la oportunidad. Dijo que la Argentina puede convertirse en «Vaca Muerta de la proteína cárnica» si existe lo que se necesita: políticas claras de mediano y largo plazo. También sostuvo que la combinación entre el crecimiento de la producción porcina y el desarrollo de la carne vacuna podría llevar a niveles de exportación «que no nos podemos imaginar».
Alejandro Duhau, presidente de Frigorífico Azul, coincidió en que el desafío pasa por producir animales de mayor calidad para abastecer tanto al mercado interno como al externo. Según explicó, no resulta eficiente pensar en frigoríficos separados para cada destino, sino en una industria capaz de asignar cada corte al mercado que mejor lo paga o que más lo necesita. Ese esquema, señaló, permitiría generar mayor valor para el productor e incentivar la producción de calidad.
Paladini agregó que el consumo de proteínas animales en la Argentina ronda los 110 kilos por habitante y que la composición está cambiando. Según detalló, cayó la participación de la carne vacuna y crecieron otras carnes, especialmente el cerdo. También afirmó que el consumo de cerdo viene creciendo a dos dígitos por año y que eso representa una oportunidad tanto para el mercado interno como para la exportación.
Para sostener ese crecimiento, el empresario subrayó la importancia de la genética y de los costos de producción. En particular, destacó que el maíz representa alrededor del 80% del costo del alimento de un cerdo y que la disponibilidad de ese grano constituye una ventaja para la Argentina.
La previsibilidad apareció como el otro eje de fondo. Paladini recordó experiencias en las que decisiones gubernamentales afectaron operaciones de exportación y señaló que ese tipo de cambios genera dificultades para las empresas y sus clientes internacionales. «La construcción de una marca lleva mucho tiempo y se destruye en un segundo», afirmó.
Duhau, por su parte, puso el foco en la apertura comercial. Mencionó el potencial de Asia, con países como China, Vietnam, Tailandia, Filipinas, Malasia, Indonesia y Singapur, y señaló que se trata de economías en crecimiento y con mayor consumo de carne. También comparó la situación con Chile, que cuenta con una cantidad muy superior de tratados de libre comercio con preferencias arancelarias.
El empresario añadió que la Argentina necesita avanzar en acuerdos sanitarios y comerciales que permitan mejorar el acceso a mercados, y citó el desafío de ingresar a Japón en condiciones competitivas. Cerró con una frase que resume el estado de la oportunidad: «Mucho potencial y mucho trabajo por delante».
La trazabilidad y el bienestar animal también formaron parte del diagnóstico. Duhau explicó que la industria frigorífica argentina cuenta con experiencia de décadas en trazabilidad por las exigencias de la Unión Europea y que, en su planta, ya trabajan con identificación individual y seguimiento del animal hasta los cortes que llegan al mercado interno o a la exportación.
La lectura es clara: la demanda existe, la capacidad productiva también, pero el capital no se mueve por promesas sino por reglas estables. Cuando el aparato estatal cambia el tablero, la inversión se frena y el productor paga el costo.
Si la Argentina quiere capturar este flujo de capital, tendrá que ofrecer previsibilidad, apertura y una estrategia que no dependa del humor político de turno. El mercado ya votó por más carne, más exportaciones y más productividad. Falta que la política deje de estorbar y facilite el camino.



