Axel Kicillof abrió en Nueva York su gira de proyección nacional con una reunión con representantes de fondos de inversión. Esos fondos son tenedores de la deuda reestructurada de la provincia de Buenos Aires y con ellos el gobierno bonaerense llegó a un acuerdo total en septiembre del año pasado.
Según pudo saber Infobae, entre los asistentes estuvieron Eaton Vance, Vanguard, GoldenTree y Mesarete. También participó BlackRock, pese a no tener bonos de PBA. El encuentro buscó mostrar el posicionamiento de la gestión bonaerense en una agenda de interés para Wall Street.
Después de esa reunión, Kicillof recibió a representantes de grandes empresas vinculadas a energía, minería, petróleo y gas, biotecnología, comercialización de granos y servicios tecnológicos. Entre las firmas mencionadas estuvieron Microsoft, Mastercard, Google, MetLife y Dreyfus.
En la mesa también estuvieron el ministro de Economía bonaerense, Pablo López; el subsecretario de Relaciones Internacionales e Interjurisdiccionales, Juan Manuel Padín; la asesora en Asuntos Internacionales, Cecilia Nicolini; y el asesor financiero Javier Timerman. La agenda refuerza el intento del gobernador de mostrarse con un perfil no rupturista frente al mercado.
Kicillof confirmó que la provincia de Buenos Aires seguirá cumpliendo sus compromisos. Antes, Carlos Bianco había dicho que seguirán cumpliendo las obligaciones heredadas del gobierno de María Eugenia Vidal, a las que calificó como una deuda en dólares tomada de manera «irresponsable».
En la misma gira, el gobernador participó en The New School de una jornada sobre el futuro de la democracia, la economía y la política progresista en un mundo fracturado. Allí sostuvo que Argentina y América Latina tienen nuevas oportunidades en el orden mundial que se está configurando, pero cuestionó el rumbo de la administración nacional.
También dijo que el país dispone de recursos naturales, capacidades productivas, tradición industrial y desarrollo científico, y afirmó que las políticas de Milei están «en las antípodas» de las necesidades de desarrollo. Además, pidió una verdadera integración regional para que América Latina actúe como bloque.
El viaje de Kicillof coincide en Nueva York con la estadía de Javier Milei por la Asamblea General de la ONU. Ambos mantienen actividades separadas.
Más allá del gesto político, el movimiento de Kicillof apunta a una señal concreta: mostrar orden financiero y capacidad de diálogo con el capital. En un país donde la confianza es un activo escaso, el mercado premia previsibilidad y cumplimiento. Capital busca reglas claras.
La otra cara es la discusión de fondo. Kicillof volvió a poner en el centro la política industrial y el papel del Estado. Esa visión choca con la lógica de inversión privada que exige margen, estabilidad y menos interferencia burocrática. El mercado ya votó: primero disciplina, después promesas.



