La generación de energía solar en México registró un alza de 83% en 2025, de acuerdo con informes a los que accedió EL UNIVERSAL. En paralelo, el segundo informe de gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo señaló que la energía producida con tecnología fotovoltaica pasó de 526 gigawatts por hora en 2024 a 963 gigawatts por hora en 2025.
El impulso coincide con una mayor participación privada en proyectos de generación distribuida. Tras la reforma energética de este gobierno y la publicación de la normativa secundaria, más empresas privadas muestran interés en desarrollar generación eléctrica a partir de espacios fotovoltaicos, según la publicación.
Uno de los casos es Daoment, fondo de inversión especializado en el desarrollo y operación de naves industriales Clase A en el norte de México. La firma incorporó generación distribuida de energía solar en su nave Triple A de Nogales, Sonora, ocupada por Dormakaba, empresa suiza-alemana de soluciones de acceso y seguridad.
El fondo invirtió en un sistema fotovoltaico de 644.8 kilowatt pico (kWp), desarrollado por Energías Limpias de México, sobre la cubierta de la nave. El sistema está compuesto por 992 paneles, con una capacidad instalada de 644.8 kWp en corriente directa y 496 kW en corriente alterna. La planta producirá aproximadamente 1,107 MWh al año, cuyo valor frente al suministro convencional se estima en alrededor de 3 millones de pesos anuales.
Daoment financió la totalidad del sistema y conserva su propiedad. La empresa dijo que la cubierta de una nave industrial es la superficie más grande y menos aprovechada del activo, y que ponerla a generar beneficia a las dos partes del contrato: Dormakaba accede a energía limpia a menor costo, sin destinar capital ni asumir la operación del sistema, mientras Daoment incorpora un ingreso contratado de largo plazo.
La empresa añadió que el sistema agrega redundancia al suministro eléctrico de la nave, un atributo buscado por inquilinos industriales para proteger la continuidad de su operación. También señaló que la inversión mejora la economía del inquilino y fortalece el activo.
El proyecto fue incorporado en certificados internacionales de energía renovable, I-REC. Daoment indicó que esa certificación construye credenciales de sustentabilidad verificables a nivel activo y amplía el universo de contrapartes para el activo y para el portafolio del fondo, en especial entre inquilinos multinacionales e inversionistas institucionales con criterios ESG.
La generación estimada evitará la emisión de aproximadamente 820 toneladas de CO₂ al año, equivalente a plantar más de 12 mil árboles anualmente, apuntó.
La lectura de fondo es clara: cuando el marco regulatorio permite convertir superficies ociosas en flujo de caja, el capital privado responde. No hay magia verde ni subsidio inevitable; hay activos, retorno y una regla básica de mercado que premia a quien invierte donde el Estado no estorba.
Para el contribuyente, la señal importa porque desplaza parte de la carga hacia inversión privada y mejora la productividad del activo inmobiliario. Para la economía, el punto es aún más simple: capital busca reglas claras, y cuando las encuentra, financia infraestructura que reduce costos, agrega resiliencia y genera valor real.
