El primer trabajo no siempre es una puerta fácil de abrir. Ese fue el diagnóstico de partida del primer capítulo de «Empresas en acción», ciclo impulsado por La Tercera y Empresas por Chile para revisar qué puede aportar el sector privado frente a uno de los mayores desafíos a nivel país.
Bajo el título «De la sala de clases al mundo laboral: el rol de las empresas y la educación frente al empleo juvenil», el encuentro reunió a María Paz Arzola, Susana Jiménez y Eduardo Ebensperger. Allí se analizaron las brechas que enfrentan los estudiantes técnico-profesionales cuando pasan del aula al trabajo.
Los panelistas destacaron el valor de las prácticas y el papel de las empresas para abrir nuevas oportunidades a los jóvenes. En ese marco, abordaron el trabajo de Empresas X Chile para conectar compañías con establecimientos técnico-profesionales y articular esfuerzos con el sector público, con el objetivo de ampliar los espacios de práctica y fortalecer el vínculo entre formación y empleo.
La discusión también puso el foco en un mercado laboral que cambia rápidamente con el avance de la tecnología y la inteligencia artificial. Para los estudiantes que están por salir al mundo del trabajo, esa transición exige más coordinación entre educación y empresa, y menos distancia entre lo que se enseña y lo que realmente demanda la economía.
Empresas por Chile es una iniciativa impulsada por la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) y sus gremios, que agrupa a más de 580 organizaciones. Su propósito, creado en 2024, es poner la capacidad de gestión y colaboración del sector privado al servicio de un impacto colectivo, vinculando a las empresas con programas existentes que pueden ampliarse.
La señal de fondo es clara: cuando el mercado laboral se vuelve más exigente, los jóvenes necesitan puentes reales y no solo buenas intenciones. Más prácticas, más vínculo con las empresas y más coordinación con el sector público son mecanismos concretos para mejorar la empleabilidad.
También hay una lectura de incentivos. Si la formación técnico-profesional se conecta mejor con el empleo, gana productividad el sistema y se reduce el costo social de dejar a miles de jóvenes fuera de la primera experiencia laboral. El mercado ya votó: las habilidades que sirven en la empresa tienen más valor que los discursos sobre empleabilidad.