El Banco Central abrió una ventana para que las criptomonedas y otros activos digitales entren en la agenda regulatoria de la Argentina, aunque no sería este año ni el próximo. Juan Curutchet, superintendente de Entidades Financieras y Cambiarias del BCRA, dijo en Pulso 2026 que ve posible ese avance «en una segunda presidencia de Milei».
La definición marca un cambio respecto de 2022, cuando el Central prohibió que los bancos operaran activos digitales. Entonces, la entidad frenó el lanzamiento de un servicio de Banco Galicia y Brubank para comprar, vender y custodiar criptomonedas, con el argumento de mitigar riesgos para los usuarios y para el sistema financiero.
Ahora, Curutchet no dio precisiones sobre una eventual baja de esa prohibición ni sobre otras medidas en estudio, pero sí dejó claro que el tema quedó en carpeta. «En un país donde la percepción de vulnerabilidad y fragilidad haya disminuido de forma importante, más que hoy, y con plena libertad económica, son temas sobre los que hay que avanzar», señaló.
El funcionario enmarcó esa discusión en un sistema financiero que, a su juicio, sigue siendo relativamente pequeño por décadas de deterioro de la moneda, aunque convivió con un ecosistema de pagos más sofisticado impulsado por bancos, fintech y empresas tecnológicas. También dijo que la lógica del regulador fue «dejar correr y ves cómo entrás», lo que obliga a ir detrás de la innovación con la normativa.
En ese contexto, el BCRA modificó su estructura y creó una gerencia específica para fiscalizar a los proveedores de servicios de pago. Curutchet reconoció que la Superintendencia estaba «huérfana de recursos» para seguir el crecimiento del sector.
La preocupación oficial no es solo abrir la puerta, sino hacerlo con reglas mínimas. Curutchet sostuvo que algunas actividades tienen más regulación que otras y que, si se exagera, se ahoga la innovación o se levantan barreras de entrada. Para él, la clave es encontrar un equilibrio entre control y desarrollo del negocio.
A la vez, anticipó que el BCRA buscará un esquema de aplicación más fuerte, con capacidad para fijar estándares mínimos y actuar con rapidez cuando una empresa no los cumpla. También remarcó que si entrar al sistema es sencillo, salir cuando no se respetan las reglas debería serlo igual.
El cierre de Curutchet fue todavía más político: puso sobre la mesa los incentivos perversos que, según dijo, genera el Estado, y mencionó al impuesto al cheque como ejemplo de distorsión. En su lectura, la sobrerregulación castiga a los jugadores que innovan y favorece a quienes se mueven en los bordes.
Para el mercado, el dato relevante es otro: el Banco Central empieza a admitir que la discusión cripto no está cerrada. Si esa apertura termina en reglas claras y menos fricción para operar, ganan la innovación y la competencia. Si deriva en más burocracia, el costo volverá a recaer sobre la libre empresa y sobre los usuarios que esperan un sistema de pagos más moderno.