Estados Unidos estaría preparando un plan para prohibir las exportaciones de diésel durante 90 días, mientras la Casa Blanca evalúa actuar sobre precios récord de combustible y enfrenta objeciones de varios miembros del gabinete.
El secretario del Tesoro habría hecho lobby en privado contra la idea, según Politico. El secretario de Energía dijo que una herramienta tan «brusca» «definitivamente no funciona», en una línea compartida por el secretario del Interior.
El exjefe de Energía de Donald Trump advirtió que una prohibición envía una «terrible señal de inversión». Esa crítica coincide con la lectura de analistas: S&P Global estimó que una prohibición total empujaría a las refinerías estadounidenses a reducir sus tasas de operación hasta en 10%.
El efecto no se limitaría al mercado interno. La prohibición también elevaría los precios globales del diésel, con impacto de rebote sobre los consumidores estadounidenses que dependen de importaciones. En Europa, los precios del diésel subieron 7% el miércoles por la mañana.
Los números primero. Una política pensada para aliviar el costo del combustible puede terminar encareciendo la oferta, reduciendo actividad en refinerías y castigando a quienes todavía dependen del diésel importado. Cuando el aparato estatal interviene con una prohibición amplia, el riesgo es que el problema de precios se convierta en un problema de abastecimiento.
Capital busca reglas claras. Si Washington decide castigar exportaciones para contener la presión política de corto plazo, el mensaje para la inversión energética sería el contrario al que necesita el mercado. Menos previsibilidad regulatoria significa más riesgo país para un sector que requiere capitalización intensa y horizontes largos. El mercado ya votó: las señales de intervención suelen salir caras.



