Drake Maye, quarterback de los New England Patriots, volvió a poner en circulación una de las teorías conspirativas más viejas de Estados Unidos: la duda sobre el alunizaje de 1969.
Tras la victoria de los Patriots sobre los Buffalo Bills el domingo, Maye habló el lunes en WEEI y dijo que no está «200%» seguro de que el país haya llegado a la Luna. «No diría que me inclino hacia un lado o el otro. Solo sé que estoy un poco escéptico», afirmó.
Maye agregó que durante su paso por la Universidad de North Carolina tomó una clase sobre teorías de conspiración. Allí, según relató, estudiaron casos como «[Adolf] Hitler estando vivo» y «¿son reales los pájaros?», entre otros ejemplos clásicos.
La reacción no tardó. A medida que sus comentarios se replicaban en redes sociales, NASA intervino. Jared Isaacman, administrador de la agencia, respondió bajo una publicación de Boston 25 News sobre las declaraciones de Maye: «Literalmente tengo los recibos».
La referencia toca una de las piezas más simbólicas de la historia estadounidense. El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong dio «un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad» y, junto con Buzz Aldrin, caminó sobre la superficie lunar. NASA completó luego cinco misiones exitosas más de alunizaje, la última en 1972.
El dato político y cultural de fondo es más simple que la conspiración misma: cuando incluso una figura pública popular como Maye relativiza un hecho histórico central, el ruido termina desplazando a la evidencia. Y eso obliga a recordar que la credibilidad institucional no se sostiene con consignas, sino con hechos verificables y registros concretos.
En ese sentido, la respuesta de NASA busca defender algo más que una misión espacial. También protege la confianza en la ciencia, en el mérito técnico y en la capacidad de una institución para documentar lo que hizo. En tiempos de sospecha permanente, el mercado de las ideas premia la evidencia; la superstición, aunque haga ruido, no crea valor alguno.