MAR DEL PLATA.– Patricia Bullrich llevó al Coloquio de IDEA una consigna simple: acelerar. La senadora nacional de La Libertad Avanza pidió «velocidad» en los cambios económicos para que la mejora llegue a las familias y no quede encerrada en las planillas oficiales.
Bullrich dijo que, después de tres años de gobierno, los cambios deben empezar a verificarse «en cada familia». Su objetivo, planteó, es que las reformas muestren rápido un horizonte para las empresas y terminen traduciéndose en una «economía familiar mucho más amable».
En su diagnóstico, la economía avanza a dos velocidades. Señaló que no puede haber industria, construcción y comercio caídos mientras hidrocarburos, pesca, agro y minería exhiben tasas de crecimiento elevadas. «Tenemos que compatibilizar», sostuvo.
La senadora vinculó ese desajuste con la necesidad de reducir el «costo argentino». Dijo que para acercar las condiciones de competencia a Brasil y Chile hay que bajar costos e impuestos, y ejemplificó que si un producto brasileño resulta «un 30% más barato» que uno argentino, las empresas locales parten desde atrás.
También habló de cadenas de valor y de la posibilidad de que empresas locales se conviertan en proveedoras de grandes proyectos. Según dijo, dentro de unos 15 días habrá reuniones con compañías ligadas a iniciativas del RIGI para avanzar en la incorporación de proveedores locales.
Bullrich fue más cauta al referirse a una posible recesión. No la descartó, pero evitó afirmarla. «Hay que revisar números», respondió, y añadió que prefiere no opinar sobre un tema que todavía no está claro. También recordó casos de Portugal, Grecia, Irlanda e Israel para remarcar que las transformaciones profundas demandan tiempo.
El otro punto de fricción fue la Ley de Tierras. Bullrich afirmó que, a su entender, la Corte Suprema no se pronunció sobre la cuestión de fondo, sino sobre la posibilidad de una cautelar. Desde ese ángulo, dijo que la discusión sobre la constitucionalidad del capítulo incluido en el DNU sigue abierta.
A partir de allí, cuestionó la conveniencia de mandar una ley al Congreso mientras el tema siga en la Justicia. Según su planteo, hacerlo podría debilitar el instrumento ya vigente en manos del Poder Ejecutivo. También defendió «el principio de la continuidad de los actos» y pidió no entrar «con un martillo a romper todo lo que hizo el anterior».
La señal política de fondo es clara: para el mercado, la productividad y la inversión necesitan reglas más estables, menos costo regulatorio y menos zigzags. Capital busca reglas claras; cuando el Estado acelera la reforma y evita trabas innecesarias, el retorno puede llegar antes a la economía real.
El mercado ya votó: la paciencia importa, pero no alcanza sola. Si el oficialismo quiere que el crecimiento deje de concentrarse en pocos sectores, el desafío será convertir esa velocidad reclamada en más libertad para producir, invertir y competir.


