Patricia Bullrich volvió a ocupar el centro de la escena este jueves y, de paso, le disputó a Javier Milei la atención de empresarios, ejecutivos y televidentes. Lo hizo mientras el Presidente desarrollaba el día más importante de su visita oficial a París, donde se celebra la Semana Argentina.
La jugada tuvo un contexto sensible: el riesgo país experimentaba una nueva suba y llegó al nivel más alto de este año. En ese marco, Bullrich habló ante un público calificado en el Coloquio de IDEA y expuso diferencias tanto políticas como económicas con el oficialismo.
La senadora planteó una convocatoria más amplia para sostener la transformación y cuestionó la apertura indiscriminada. También consideró necesaria cierta intervención y protección del Estado para que las pequeñas y medianas empresas puedan reconvertirse, ganar competitividad internacional y convertirse en proveedoras de los sectores más exitosos del modelo actual.
A la vez, Bullrich se encargó de reivindicar su adhesión al rumbo general del programa libertario. Dijo: «Lo importante es que siga la idea. Yo no sé dónde voy a estar en el próximo escenario electoral». También evitó afirmar que Milei sea el candidato natural para 2027 y prefirió insistir en la continuidad del modelo.
En paralelo, Milei había buscado una señal de respaldo al rumbo económico desde París. Desde allí les habló a empresarios argentinos y dejó en claro que apunta a su reelección, a la que considera condición sine qua non para el éxito económico.
En la Casa Rosada, la incomodidad con Bullrich ya no se disimula con facilidad. Según fuentes del más estrecho círculo del poder mileísta, la orden del Presidente fue no contestarle para no «subirle el precio». Pero el malestar crece, y con él también el temor por el daño que pueda causar una dirigente que comparte votantes con el oficialismo y habla a un segmento que el Presidente no siempre alcanza.
Consultoras y analistas citados en la jornada coinciden en que Bullrich captura una sensibilidad distinta. Shila Vilker sostuvo que empieza a haber una demanda de cierta intervención del Estado y de menor aperturismo o desregulación ilimitada. Trespuntozero, según se consignó, detectó un colectivo importante de desencantados del modelo, más allá del núcleo duro de votantes de Milei.
Ese dato importa porque en política y en mercado no solo cuentan las consignas: cuentan la confianza, la previsibilidad y la percepción de margen para las empresas. Bullrich, por contraste, aparece como una válvula de escape dentro del mismo campo ideológico y como una señal de que el oficialismo no puede desconocer del todo el costo social y productivo de una apertura sin matices.
El mercado ya votó varias veces con el riesgo país. Si la discusión interna deriva en más ruido y menos claridad, el capital lo registra rápido. Si, en cambio, la senadora funciona como amortiguador, puede ayudar a sostener la capitalización política del espacio libertario sin castigar tanto la expectativa de los inversores. Capital busca reglas claras.



