En medio de una tasa de desempleo de 9,6% en el trimestre móvil terminado en agosto, el gerente general del Banco de Chile, Eduardo Ebensperger, puso el foco en la brecha entre la formación universitaria y lo que exige el mercado laboral.
En el primer capítulo de Empresas en Acción, organizado por La Tercera y Empresas por Chile bajo el título «De la sala de clases, al mundo laboral: el rol de las empresas y la educación frente al empleo juvenil», Ebensperger habló de una «desconexión» entre los requerimientos laborales y la oferta de nuevos profesionales.
El ejecutivo, ligado al grupo Luksic, afirmó que en los últimos años hubo una concentración en «crear universitarios» y sostuvo que, a su juicio, «las empresas necesitamos otro tipo de profesionales». También dijo que, en su mirada, parte de los jóvenes están «mal» formados, aunque admitió que desde el mundo privado «no participamos en lo que necesitábamos».
Los datos del INE muestran que la tasa de desempleo supera el 10% en las mujeres y llega a 22% en los jóvenes menores de 30 años. En ese contexto, Ebensperger insistió en que la experiencia dentro de las empresas privadas es clave para la formación laboral, por sobre la sola formación académica.
«En el banco, te lo digo con toda convicción, no contratamos astrónomos con tres o cuatro posgrados, gente absolutamente normal, que tiene un criterio y que va aprendiendo y desarrollándose dentro de la compañía», afirmó. Para él, esa experiencia es la que «da el valor de verdad a la educación» y ayuda a entregar capacidades a los jóvenes.
El banquero también resaltó la importancia de las prácticas profesionales para adaptar a los egresados a las exigencias del mercado laboral. Dijo que el mundo privado debe abrirse más a esas instancias, incluso cuando no impliquen una contratación definitiva.
«Si uno puede contratar uno, dos, tres... ni siquiera para que lo contrate de forma definitiva, sino que le abra las puertas para conocer el mundo privado, ya estamos sacando muchos jóvenes y por lo tanto muchas familias a un futuro mejor», sostuvo.
En la misma línea, Susana Jiménez recalcó que abrir espacios en las empresas y ofrecer una primera oportunidad a un joven es clave, porque existe una correlación «muy directa» entre un primer empleo formal y la trayectoria laboral posterior de esos jóvenes.
La discusión deja una señal incómoda para el país: cuando la educación superior produce títulos pero no capacidades ajustadas al trabajo, el costo no lo paga solo el sistema académico. Lo pagan las familias, con menos oportunidades, y lo absorbe el mercado con menos productividad y más desempleo juvenil.
Capital busca reglas claras. Si el aparato educativo y el sector privado no coordinan mejor la formación, la economía seguirá cargando con una brecha que erosiona el retorno del capital humano. El punto central no es cuántos universitarios se gradúan, sino cuántos llegan listos para generar valor desde el primer día.