Argentina anunció planes para ofrecer la ciudadanía a extranjeros adinerados a cambio de aportes en efectivo o inversiones en bonos del gobierno. El ministro de Economía, Luis Caputo, presentó el plan de «pasaporte dorado» en un evento para inversores en París y señaló que las solicitudes se abrirían antes de fin de año.
Los interesados tendrían dos caminos. Uno es un aporte no reembolsable de 350 mil dólares al Tesoro argentino. El otro es invertir 800 mil dólares en un nuevo bono del gobierno que debería mantenerse durante siete años. Para una familia de cuatro, los funcionarios esperan un pago de 500 mil dólares. Los aportes subirían según el tamaño de la familia.
El objetivo inmediato es claro: conseguir dólares. El Tesoro argentino enfrenta casi 25.000 millones de dólares en pagos de deuda en moneda extranjera con vencimiento en 2027. Y, tras postergar un regreso a los mercados internacionales de bonos, el gobierno busca fuentes alternativas de ingresos.
Un consorcio de firmas de inversión que asesora al gobierno calculó que el programa podría recaudar hasta 2.500 millones de dólares si recibe el número de solicitantes previsto. Caputo dijo que la idea surgió durante la visita de Milei a Sun Valley, Idaho, en julio de 2024, cuando ejecutivos tecnológicos expresaron interés en obtener la ciudadanía argentina.
Caputo también destacó que el pasaporte argentino está aceptado en más de 140 países, desde China y Rusia hasta el espacio Schengen de Europa y la mayor parte de América Latina. Para personas adineradas de países con restricciones de visado, la ciudadanía argentina podría facilitar los viajes y los negocios internacionales, dijo Kristin Surak, profesora de la London School of Economics y autora de «The Golden Passport: Global Mobility for Millionaires».
El contexto importa. Argentina, una nación de 46 millones de habitantes, ha tenido golpes militares, cesaciones de pagos e inflación descontrolada. Ahora Milei intenta replantearla como un destino para la riqueza extranjera, recortando el gasto público, desmantelando regulaciones y cortejando inversiones en petróleo y minerales.
El programa también colocaría al país en una tendencia más amplia. Alrededor de 60 naciones ofrecen privilegios de residencia a cambio de inversiones únicas, y solo alrededor de una docena tiene programas activos de ciudadanía por inversión. Entre ellos están algunos pequeños estados insulares del Caribe. Argentina podría convertirse en el primer país sudamericano en sumarse a ese grupo.
La apuesta es simple: menos burocracia y más capitalización privada para aliviar la tensión externa. El mercado ya votó por reglas claras, divisas y horizonte fiscal. Si el plan consigue dólares sin más carga sobre el contribuyente, será una señal de que la libre empresa todavía encuentra espacio aun en una economía golpeada.
También hay una lectura política. Milei, que se autodefine como «anarcocapitalista», vuelve a poner al Estado en el centro de una transacción muy concreta: vender acceso a la ciudadanía para reforzar caja. Eso puede atraer flujo y reducir el riesgo país, pero no resuelve por sí solo el problema de fondo. La productividad no se corrige con un bono ni con un pasaporte. Se corrige cuando el aparato estatal deja de ahogar la inversión y el ahorro encuentra un destino más rentable.


