Andesco encendió una nueva señal de alarma sobre el sistema eléctrico colombiano. Camilo Sánchez, presidente del gremio, dijo que el país debe ahorrar por lo menos 10% de la energía que consume porque el descalce entre oferta y demanda ya supera 5% y cualquier situación puede causar un apagón.
Sánchez explicó que el llamado se da en medio de un escenario marcado por el fenómeno de El Niño, la reducción de los embalses y el mayor consumo de energía en los hogares por el calor. Según el dirigente, la menor disponibilidad de agua limita la generación hidroeléctrica y obliga al sistema a recurrir con más fuerza a las plantas térmicas.
El dirigente aseguró que las térmicas llegarán a aportar 55% de los requerimientos de energía. Ese respaldo, sin embargo, tiene un costo más alto porque depende principalmente del gas. Sánchez afirmó que Colombia está importando más de 30% de ese combustible y que, por esa vía, el país termina pagando una energía más costosa.
«Tenemos agua, pero dura el embalse dos o tres meses, bajan los embalses y en ese momento entran las térmicas», afirmó Sánchez. También insistió en que, si las térmicas no cuentan con liquidez para pagar los combustibles requeridos, el país podría quedar expuesto a un apagón de gran magnitud.
El presidente de Andesco sostuvo que un apagón nacional tendría un costo equivalente a 2% del PIB. Además, advirtió que la energía más costosa es la que no está disponible y que el riesgo no solo está en la oferta, sino también en el pago de las facturas.
En paralelo, Sánchez pidió sanear las deudas que arrastra el sistema eléctrico, en particular Air-e intervenida, para garantizar la prestación del servicio en la Costa Caribe. Dijo que la empresa pasó de $500.000 millones de deuda a más de $2,3 billones y cuestionó la gestión del gobierno anterior.
La lectura de fondo es clara: cuando el aparato estatal y la burocracia no aseguran reglas, liquidez y capacidad operativa, el costo termina trasladándose al usuario y al contribuyente. La energía barata desaparece cuando falta inversión, cuando se castiga la generación firme y cuando se pospone el saneamiento financiero del sistema.
Capital busca reglas claras. En este caso, el mercado eléctrico pide exactamente eso: señales para invertir, pagar combustibles y sostener el suministro. Sin ese orden mínimo, el riesgo país no se mide solo en bonos o tasas; también se mide en oscuridad, interrupciones y más presión sobre el bolsillo de los hogares.

