La Policía de la Ciudad allanó este martes una vivienda en Vicente López en el marco de una investigación por presunta reventa de entradas para el último partido de Lionel Messi con la selección argentina.
En el operativo, los agentes secuestraron $9.850.000 y 56.300 dólares. También incautaron una notebook, un teléfono celular, anotaciones, una máquina contadora de billetes y nueve entradas para Argentina-Benín: siete de Belgrano Baja y dos de Platea Sívori Alta.
La causa tramita ante la Fiscalía Penal, Contravencional y de Faltas N.º 8, a cargo de Maximiliano Vence. La investigación se inició de oficio el 29 de septiembre, después de que circularan en redes sociales múltiples denuncias sobre la oferta de localidades con sobreprecios de hasta un 800%.
Según las publicaciones relevadas, una popular que tenía un precio oficial de $90.000 aparecía ofrecida a $823.668. En otro caso, una San Martín Baja, que costaba $450.000, se publicaba a $2.402.366. La publicación más cara alcanzaba los $6.139.212 por una sola entrada.
Para cuando arrancó la pesquisa, las entradas oficiales a través de Deportick ya se habían agotado. La demanda cerró en menos de dos horas, de acuerdo con la información difundida en torno a la venta oficial. Los precios de referencia iban desde $90.000 para las populares hasta $480.000 para las plateas medias San Martín y Belgrano.
La Justicia analiza ahora los elementos secuestrados para determinar su posible vínculo con maniobras de reventa. En la misma fiscalía, el año pasado se había tramitado otra investigación por reventa ilegal de entradas para partidos de la Selección.
En ese caso, la Policía de la Ciudad allanó una vivienda de Villa Santa Rita y detuvo a una mujer conocida en redes como «The Armenian Girl», imputada por infracción al artículo 91 del Código Contravencional porteño, que sanciona la reventa de entradas para espectáculos masivos de carácter deportivo o artístico.
El caso vuelve a dejar expuesto un problema conocido: cuando la oferta oficial no alcanza y la demanda se desborda, el mercado negro encuentra espacio para operar. El costo no lo paga el revendedor, sino el público que queda afuera o termina enfrentando precios inflados por la especulación.
Capital busca reglas claras. Cuando una entrada se transforma en activo de reventa, se rompe la relación entre precio oficial y acceso real, y gana la informalidad. La señal para el mercado debería ser simple: menos ventaja para el intermediario ilegal y más protección para quien compra por la vía legítima.